Breve historia de cómo me inicié en la carrera de traducción

Traductor de inglés a español

     A menudo me pongo a reflexionar acerca de qué me impulsó a introducirme en este campo tan fascinante que es la traducción. A manera de antecedentes personales, les proporcionaré la trayectoria que mi vida ha seguido para llegar al mundo de la traducción y así se den cuenta de los requisitos que son necesarios para llenar la caja de herramientas que les servirá en el área de trabajo (aunque algunos requisitos son más imprescindibles que otros, mas nunca es tarde para adquirirlos). 

     No obstante, hay algo que debe quedar claro antes de proseguir. Esta caja no parece tener fondo ya que con frecuencia necesitamos juntar herramientas nuevas con el fin de seguirlas guardando en nuestro estuche. Es, como en toda profesión, lo que nos ayudará a estar al tanto de los cambios no solo en nuestra lengua, que es un ente vivo, sino también en lo último que sucede en este campo. Por otra parte, aprovecho a descargar la responsabilidad de que escribo esto con el único propósito de dar puntos de referencia que les sean útiles para comparar su situación. De ninguna manera es un consejo profesional ni tampoco es, por necesidad, un modelo a seguir.

     Soy de la Ciudad de Guatemala, Guatemala y tuve la dicha de asistir a un colegio bilingüe, español e inglés. Esta formación fue fundamental ya que aprendí de profesores, cuyo idioma natal era el inglés, materias como gramática de esta lengua, estudios sociales, historia del arte y ciencias naturales. Después de graduarme con el título de Bachiller en Ciencias y Letras del Colegio Evelyn Rogers, ingresé en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM o también conocido con el nombre de Tec de Monterrey) donde estudié ingeniería mecánica eléctrica. En esta universidad tomé un curso avanzado de inglés y era requisito aprobar el TOEFL  (Test of English as a Foreign Language, por sus siglas en inglés) para recibir el título de ingeniería. Con esto, y con varios libros de texto en inglés que leí durante mis años académicos, obtuve los conocimientos básicos que me permitieron desempeñarme en un país angloparlante: los Estados Unidos de América.

carrera de traduccion

     Del año 2003 al 2010, viví en esa magnífica urbe localizada en la llanura central de Estados Unidos, estado de Illinois, y cuyo nombre se deriva de una traducción francesa de la palabra nativa shikaakwa, traducida como "cebolla olorosa" o "ajo silvestre". Me refiero, por supuesto, a Chicago, la ciudad ventosa. No fue hasta que me vi obligado a interactuar con mi entorno social, especialmente el laboral, que logré desenvolverme en el idioma inglés. Justo en esta metrópoli me embarqué hacia la tierra de las lenguas. Empecé a instruir español en el año 2008. Aún recuerdo cuando la que sería mi futura patrona me encargó estudiar varios puntos de la gramática española con el objeto de darme una prueba que me otorgaría el pase para enseñar en su escuela. Desde entonces se ha revitalizado mi pasión por la lengua española y se ha cristalizado mi amor por la lingüística y algunas derivaciones, la literatura universal y la filosofía.

     En 2010 me mudé a la ciudad de San Diego, en la costa oeste de los Estados Unidos. A los pocos días de haber llegado, conseguí trabajo en una escuela de español, que a su vez era una agencia de traducción e interpretación. A finales del 2012 comencé a cotejar traducciones hechas por un traductor de planta del gobierno de Estados Unidos y que provenían de la Agencia de Salud y Servicios Humanos del Condado de San Diego (HHSA, por sus siglas en inglés). Claro, mi tarea era solo verificar que los documentos jurídicos traducidos no tuvieran errores ni faltas de ortografía en las fechas, los folios, los nombres, los números, etc. 

     A medida que cotejaba las traducciones me empapaba cada vez más de la terminología jurídica que se manejaba (y todavía se maneja) en los casos del Tribunal para Menores de California y llegué a entender bastante bien lo que decían los documentos hasta  que un día el traductor de planta salió de vacaciones, por lo que no había nadie que tradujera unas actas de órdenes judiciales, así que fue entonces cuando me llegó la oportunidad de traducir por primera vez. Desde luego que mi patrona revisaría detenidamente mi trabajo. También era obvio que cometería varios errores, pero fue de esta manera que me interesé aun más por la traducción. Gracias a una compañera de trabajo que había obtenido un certificado de traducción de la Universidad de California en San Diego, supe de este programa que se ofrece en línea. En julio de 2015, obtuve el Certificado Especializado en Traducción, así mismo, desde ese año, formo parte de la Asociación de Traductores Estadounidense (ATA, por sus siglas en inglés) y la Asociación de Traductores e Intérpretes del Área de San Diego (ATISDA, por sus siglas en inglés).

traductor experimentado

     He desglosado estos datos biográficos para aquellos que estén contemplando introducirse en este campo. De ninguna manera quiero decir que estos antecedentes garanticen el éxito en este negocio. Además, hay cientos, sino miles, de traductores que tienen historiales académicos mucho más destacados que los míos, entre ellos maestrías y doctorados en lingüística y traducción. Deseo enfatizar, a modo de primera conclusión, que se requieren varios años de práctica, técnica, dominio de ambas lenguas (la de origen y la meta), acumulación de terminología y, sobre todo, un perfil de destrezas superior en la escritura. Todo esto, en mi opinión, constituye el núcleo de un buen traductor; sin embargo, dada la naturaleza del mundo de la traducción, en la cual los traductores trabajan independientemente y por lo tanto deben presentarse ante el mercado como un negocio legítimo, hay otras habilidades que se deben desarrollar: léanse la mercadotecnia, la negociación, la contabilidad, el cuidado de la salud propia.

     Recomendaría que se determinara, en primer lugar, si se cuenta con el núcleo o la espina dorsal de un traductor (no se podrá saber hasta que se sometan a pruebas de certificación y obtengan retroalimentación óptima por parte de otros traductores experimentados) y luego pueden empeñarse en adquirir las otras destrezas que mencioné en el párrafo anterior. Por lo que a mí me toca, me falta bastante para llegar al nivel donde quisiera estar, pero volvemos a la “ley de los objetos sin fondo” ya que es un esfuerzo que nunca se acaba. Como traductores, es nuestro deber aspirar a la perfección y esto se logra únicamente con educación continua, manuales de gramática actualizados, apoyo entre colegas y conferencias para informarnos de lo último que ocurre en el campo de la traducción. Para terminar, he aquí la otra conclusión que se deriva de esta breve historia: no basta con hablar y entender dos lenguas para traducir de una a otra; detrás de todo esto hay una serie de pasos que solo con la experiencia y la práctica se logran dar. Si no traducen, ni escriben ni leen con perseverancia, difícilmente podrán formar aquel traductor ideal y cualificado al que aspiramos.